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Muchos reconocen que el principal órgano de la sexualidad es el cerebro, que aquí se crean las mejores historias y salen a flote las fantasías más atrevidas, pues aunque el placer se experimenta en la piel y los genitales, el resultado del deseo, las palabras y caricias en sí se viven mentalmente.

Por eso, a pesar de existir el amor y los juegos sexuales y de que las actividades eróticas sean placenteras, pueden  matizarse por la monotonía y provocar la disminución de esas ansias de “Me desordeno, amor, me desordeno”, dicho en palabras de la poetisa matancera Carilda Oliver.
Tal vez algunos imaginen que la pasión en la pareja se ha perdido, principalmente en aquellos que conviven juntos; de ahí la necesidad de incentivar el “calor” y, sobre todo, la creatividad.Expertos consideran que una inyección de adrenalina para evitar la rutina lo constituyen las fantasías sexuales, que sirven de ensayo o experiencias en acciones que nunca han ocurrido.Siempre que no sustituyan a la realidad, pueden convertirse en el aliciente del amor y en el \"entremés\", el \"plato fuerte\" y \"postre\" del menú sexual, al ser ideales para aumentar los niveles de excitación, ya que da la posibilidad de recrear en la imaginación situaciones, a las cuales rara vez se tiene acceso.Dentro del ámbito de la pareja hay quienes afirman que el principal problema es cuando éstas se viven unilateralmente y no se comparten, por lo que, para lograrlo, primero se debe aceptar la naturalidad del fenómeno, donde no se quebranten el amor y la lealtad, sino que éstos sirvan para enriquecer la relación.
En tanto no provoquen daño físico ni psicológico, se hace necesario dialogar y no cohibirse ante la posibilidad de abrir otro camino o por miedo, falta de confianza o comunicación, herir a su compañero.Algunos estudiosos del tema refieren que los hombres son más fantasiosos que las mujeres, aunque estas últimas también lo hacen.Mientras, se reconoce que generalmente funcionan con imágenes visuales, y en menor grado, con representaciones auditivas y sensoriales, aunque investigaciones han reportado el predominio en los hombres de las primeras, y en las féminas, de las segundas.
La mente no tiene ni busca límites, y muchas de estas ilusiones eróticas pueden incendiar los cuerpos, en tanto se unen los sentimientos y, quizás, de esta forma, más allá de la carne, dos personas puedan convertirse enteramente en una.Estudios revelan que se repite con cierta frecuencia, experimentar sensaciones nuevas e insólitas: de poder, sometimiento y dominio, cambio de pareja, sexualidad en grupo -heterosexual u homosexual-, imaginarse observando a otras personas realizando actos sexuales y relaciones románticas.La cantidad y riquezas de fantasías positivas y placenteras indican la buena química y compenetración de la pareja, un indicador de la salud sexual y mental de quienes deciden amar de forma diferente, sobre todo, ante una realidad variopinta, que incita a vivir, en el sentido pleno de esa palabra.

Con información de ACN

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