Valoración del Usuario: 5 / 5

estrella activaestrella activaestrella activaestrella activaestrella activa
 

 

Puedo afirmar con toda certeza que en cuestiones de memoria histórica, cuando se tiene, por si acaso, algún “síntoma de alzhéimer”, las consecuencias pueden ser desastrosas.

 

Foto: Tomada de www.granma.cu

 

El siglo de hoy, un siglo embriagado por las tecnologías de la información y las comunicaciones(TICS) más sorprendentes que se hayan conocido, y también saturado por una industria cultural con patrones de consumo exclusivos, clasistas y enajenantes, es más vulnerable a la existencia de cerebros con actitud desmemoriada.

Acortando un poco el radio de análisis, y hablando específicamente de nuestra Latinoamérica, es evidente que al nuestros vecinos olvidar el triste pasado de los gobiernos dictatoriales, de los movimientos golpistas, del ALCA divisora de los pueblos, del hambre y la desigualdad social, de la exclusión y el tormento de no ver llegar la solución a los problemas de los pueblos, estos desgraciadamente vuelven a vivir tales males.

La ultraderecha no descansa en el afán de demostrar que su modelo económico, que sus mecanismos formales de democracia, y que sus tan “recíprocos” convenios y lazos amistosos en temas de relaciones internacionales, constituyen sin discusión “el mejor camino para el progreso social”.

Seguido a esto, nos topamos con los medios de comunicación masivos capitalistas, que a diario, inyectan sobre miles y miles de conciencias, visiones erradas y ahistóricas de la verdadera realidad que se vive.

Y me pregunto: ¿qué nos falta?, o ¿qué nos sobra?, para hacerle frente de a lleno a este revoleteo mediático, a esta sociedad con ojos vendados, que muchas veces no sabe quién es, ni sabe a dónde va.

Con el legado de Chávez y Fidel, el manual de resistencia político cultural está a disposición de todos. Cuba, Venezuela, y Bolivia, por citar algunos países con un espíritu de autodeterminación revolucionaria en sus gobiernos, son a mi juicio, paradigmas para desmentir, desacreditar, y eliminar los estereotipos, mitos, y cadenas del genocida neocoloniaje, que algunos nos quieran imponer.

No pretendo que esto sea una “muela política”, ni menos un sermón para "niños de compota" que nos saben qué hacer con el futuro de sus patrias, al contrario, saco de mi pecho una voz que clama, que evoca la sangre de los caídos, de los torturados por hacer el bien, de aquellos que no escatimaron su mejores tiempos para entregarlos por una causa justa.

Hablo de Bolívar, de Sucre, de Máximo Gómez, de Martí, del Ché, de Fidel, y de muchos que sembraron el temple, la vergüenza y el honor en este pedazo de planeta que es nuestra Latinoamérica. Olvidar nuestra historia es enterrar en el fango un corazón sano y vigoroso que late sin parar, es negarnos a la libertad máxima, es doblar nuestras rodillas, y aceptar lo que diga un "Don Juan de Los Palotes".

Basta ya de la ilusión, de que los agrios momentos no volverán, de que la injusticia caerá por un precipicio sin fondo. Mientras exista el neoliberalismo, se alimentará por consiguiente el “neoesclavismo moderno”, “el neoservilismo infame”, y “el neobloqueo político”.

Esta época exige de personas que actúen con la cabeza puesta en la razón, y no en el emocionalismo y la ignorancia política. Bastante hemos tenido con los traspiés de las masas, que al ser engañadas con las promesas que le imponen los gobiernos corruptos, han caído en el círculo vicioso de esperar la mejora, mejora que nunca llega, porque el mal no se ha cortado de raíz.

Recientemente se celebró la V Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños(CELAC) en la ciudad de Punta Cana, República Dominicana. No puede existir ejemplo de cohesión más grande que esta. El latinoamericano está ganando en cultura de defensa regional, en enfocar con sobriedad los problemas más acuciantes de la actualidad.

La voluntad expuesta para el avance en la unidad dentro de la diversidad y en la integración latinoamericana y caribeña, en beneficio de esta región y por el bienestar de los pueblos, la necesidad de reafirmar  la vigencia del acervo histórico de la Comunidad, así como el fortalecimiento de la conciencia de que la CELAC es el mecanismo de concertación, unidad y diálogo político de la totalidad de la América Latina y el Caribe, ratificaron a este espacio como el ámbito idóneo para la promoción de los intereses comunes de nuestros estados.

El diálogo y la concertación política sobre la base de la confianza recíproca entre los gobiernos, el respeto a las diferencias para continuar avanzando hacia la integración política, económica, social y cultural de la Comunidad, la búsqueda del equilibrio entre la convergencia y la diversidad de los países, y la construcción de soluciones propias para promover y mantener la paz, al igual que el desarrollo inclusivo y sostenible de nuestros pueblos hasta alcanzar la erradicación total del hambre y la pobreza, así como el impulso a la agenda regional en los foros globales y la cooperación con otros Estados, Regiones y Organizaciones Internacionales, figuraron entre los principales planteamientos de los Jefes de Estado.

Ahora Latinoamérica decide su futuro. Ahora las cadenas de sujeción ideológica cada día se harán más débiles. No hay mal que dure que cien años, ni cuerpo que lo resista. Como dijera nuestro Ché: esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar.

Y ha echado andar porque todavía hay líderes como Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Rafael Correa, y nuestro Raúl Castro, que llevan sobre sí la responsabilidad de hacer vigente la historia, y porque también existen pueblos que fortifican su presente con el pasado siempre recordado.

Entonces, puedo afirmar sin vacilación que la lucha constante contra el “alzhéimer histórico”, es la divisa de un porvenir luminoso para la nueva sociedad que queramos fundar. El sacrificio justo de los mejores hijos de estas tierras no se puede olvidar. En el olvido de la historia está la derrota, y en su rescate habita la salvación de nuestros ideales de justicia e igualdad social.

Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz. Estudiante de Tercer año de Periodismo.


 

Share

Escribir un comentario

No se admitirán palabras groseras, discriminación, ni ataques al sitio o a la Revolución cubana.


Código de seguridad
Refescar