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El otro día pensaba en lo que significa para mí el hecho de ser un estudiante universitario. Y me vienen a la mente los millones y millones de jóvenes en el mundo que ni en sueños tienen la idea de conocer lo que es un pupitre, un apretón de manos de un compañero de aula, o el simple hecho de obtener unos gratificantes resultados en los exámenes.

 

La educación es una parte integrante fundamental del ser humano. Desde las primeras edades, el conocimiento llega al niño con una metodología, una pedagogía que, de forma paulatina, desarrollará en el sujeto capacidades intelectuales para aprehender las disímiles materias de las asignaturas.

Es triste oír las anécdotas de los más ancianos, cuando en su etapa de juventud, algunos no pudieron desarrollar habilidades cognitivas, debido a que las condiciones políticas-económicas de la neocolonia no lo permitieron.
Por eso hoy en día, cuando veo tanta gente con piel lozana, que teniendo la oportunidad de estudiar, pierden el tiempo inútilmente, arriba entonces a mi mente esta reflexión.
No estudian unos, porque con justificaciones no convincentes aseveran que no nacieron para ese enredo. Otros, porque cifran su destino en la búsqueda de dinero a partir de negocios, y por lo tanto, el tiempo es poco para esta actividad.
Y así, sin desestimar a aquellos que por desgracia de la vida no lo puedan hacer, encontramos personas que bárbaramente dan la espalda a la superación personal.
Sinceramente afirmo que ser estudiante es un privilegio. Es un privilegio porque ofrece la maravilla de desentrañar lo oculto, lo que científicamente no se conoce, lo que muchos no ven.
Otro aspecto fundamental es el de crecer como ser espiritual. El contacto con el otro, con el profesor, es una experiencia única. Los valores como la solidaridad, el compañerismo, la honestidad, el sentido de la responsabilidad, el desinterés, y el espíritu colectivista de ser mejores cada día, son cultivados en el estudiante.

Nuestra Cuba es un ejemplo de proyecto internacional para la democratización de la enseñanza. El estado cubano asegura una educación  gratuita y universal, sin distinción de género, religión u orientación sexual. Cuantiosas inversiones millonarias son destinadas a la formación de obreros calificados, técnicos de nivel medio, así como de universitarios.

Precisamente, cuando Cuba entera llora la pérdida irreparable de nuestro Fidel, nos llega su legado de buen estudiante.
A decir de los que caminaron con él, siempre que tenía un tiempo, estudiaba, se superaba, preguntaba sin penas. Por esto, a mi juicio, lo considero el estudiante mayor. Y gracias a él, es que contamos con los importantes logros en este sector.
Todas las enseñanzas tienen su algo especial. En el caso de la Universidad, es el alma máter, es la cumbre del conocimiento. De lo que se pueda lograr en los cinco años de la carrera, se podrá recoger en la vida profesional.
El ser estudiante no debe verse como una obligación. Ha de pensarse como una etapa decisiva en la formación de nuestra personalidad, en la construcción de nuestra autoestima, y en la planificación de nuestro futuro.
Cualquiera que sea nuestro nivel cultural, si se fue una vez buen estudiante, quedará la satisfacción del deber cumplido, y nos visitará cuando menos lo pensemos, la nostalgia de volver a sentirnos parte de un grupo, de ser otra vez estudiantes.

Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz. Estudiante de Tercer año de Periodismo

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