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En esta tierra hay hombres que merecen honores, y no hablo de idolatría, y menos de reconocimientos hipócritas. Me refiero mas bien a ese gesto noble y agradecido que tenemos nosotros los seres humanos, en torno a aquellos que un día se despojaron de sus intereses personales, y supieron entonces supeditarlos al bien colectivo.

 

 

 

Los camagüeyanos, como en aquel entonces lo hicieron nuestros hermanos capitalinos en la colina universitaria de la Habana, inundaremos las calles, y con encendidas antorchas desfilaremos con pujante y tenaz pasión. Le diremos si a la vida eterna de aquel que es considerado el más universal de todos los cubanos, nuestro Martí.

Parecía que en 1953 el Apóstol moriría en su aniversario de natalicio, pues las condiciones históricas mostraban a una Cuba sumergida en la pobreza, la sumisión, la dependencia económica, el chantaje, y la esclavitud neocolonial.

Pero el cubano digno de su historia, nunca abandona aún ni en las peores condiciones de vida, lo que por ley le pertenece, la necesidad de rendir tributo a un mártir, en este caso, al ideólogo principal de la Guerra Necesaria, al escritor de la Edad de Oro, al fundador del Partido Revolucionario Cubano.

Gracias a Martí, tenemos una brújula que guía el rumbo de nuestra nación, en un mar en el que muchos pueblos del mundo andan perdidos, porque sus ciudadanos no han conocido líderes populares, capaces de portar un poder de convocatoria, indispensable para arrastrar la muchedumbre a la lucha.

Gracias a Martí tenemos la república que él soñó, una que aspira al culto de la dignidad plena del hombre. Somos dichosos porque nuestra democracia, nuestra forma de hacer política, de vivir conforme a los valores humanos, nadie nos la impuso, fue fruto de nuestra conciencia, y de la magistral enseñanza de nuestro Martí.

Por Martí recibimos a nuestro invicto Fidel, que como él, sigue cabalgando por estas tierras bravías de mambises y rebeldes. Por Martí tenemos una historia de lucha, que es, sin querer darnos aires de grandeza, un paradigma de resistencia para el mundo.

Entonces, hoy cuando a las siete de la noche, nos reunamos los estudiantes y el pueblo en general al lado de la Sala Polivalente Rafael Fortún, sitio cercano a la zona del Parque Casino Campestre, no será esta una ordinaria ocasión para marchar y cumplir con el Partido Comunista, o con la Juventud revolucionaria, será un acto de agradecimiento, de recordación al Apóstol, al hombre de pensamiento profundo y decisivo.

Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz. Estudiante de Tercer año de Periodismo.
 


 

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No se admitirán palabras groseras, discriminación, ni ataques al sitio o a la Revolución cubana.


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