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Brasilia- Apasionado por Cuba, desde su primera visita a esa isla del Caribe hace 40 años, el escritor y periodista brasileño Fernando Morais mantiene hoy su frenesí por la revolución, cuyos logros dio a conocer en sus relatos.

Su libro "A Ilha (La isla)", publicado en 1976, se convirtió en uno de los mayores éxitos editoriales de Brasil.
La obra, que narra los primeros años de Cuba tras la revolución de 1959, acumula 30 ediciones agotadas, pasó más de 60 semanas en las listas de libros más vendidos y fue traducida y vendida en Estados Unidos, Europa y América Latina.
En los años en que el continente latinoamericano sufría una censura brutal bajo los regímenes militares, A Iha fue incriminada de hacer una defensa de la revolución cubana.
En ese perÍodo, la mayor de las Antillas era para los brasileños y otros latinoamericanos una fruta prohibida, pues tras el golpe militar de 1964 Brasil rompió relaciones con la isla.
En ese ambiente, Morais hizo su primer viaje a Cuba, donde pasó casi tres meses en la recopilación de datos para una narración que se convertiría en libro.
Pasadas cuatro décadas de esa visita, el escritor y amigo de Cuba relata a Prensa Latina sus recuerdos y expone sus opiniones sobre temas de actualidad.

P. Quisiera que comente sobre su primer viaje a Cuba y las derivaciones que esta decisión.
Moraias (M): En el segundo semestre de 1974 yo me encontraba en Lisboa cubriendo la vorágine que vivía Portugal después de la Revolución de los Claveles. Tenía 28 años y era reportero de la revista brasileña Visão (sin vínculos con el grupo Visión Internacional).
Un día encontré en la recepción del hotel Tivoli un corto mensaje del exdiputado brasileño y viejo amigo de Cuba Márcio Moreira Alves, exiliado en Lisboa, informando que el recién nombrado embajador cubano en Portugal me buscaba.
En la todavía improvisada embajada de Cuba supe que me habían concedido la visa de entrada a Cuba, algo que intentaba obtener desde hacía cuatro años.
Como la mayoría de los brasileños, yo tenía enorme curiosidad en saber lo que era la Cuba revolucionaria. La dictadura militar brasileña ya cumplía 10 años y la censura no permitía que se publicase nada sobre la pequeñita y rebelde isla del Caribe.
Bajé en La Habana como un astronauta que pone los pies en la luna: todo era nuevo. Para alguien, como yo, que conocía de cerca casi toda América Latina y sus tragedias sociales, era impactante ver como un país pequeño y pobre hubiera conseguido obtener indicadores de primer mundo.
No había analfabetos, nadie se moría de hambre y ni un solo niño descalzo dormía en la aceras. En los Juegos Olímpicos, Cuba aparecía siempre en la cabeza de las listas de campeones como un pobre entrometido en una fiesta de ricos.
Volver a Brasil fue un maratón. Me fui de La Habana a San José de Costa Rica y de ahí a México. La orden que recibí de la revista era para hospedarme en un determinado hotel y aguardar ahí nuevas orientaciones.
Días después me llaman de Sao Paulo: debía irme a Buenos Aires, quedarme en el hotel equis, quitarme la barba, "perder" mi pasaporte, hacer fotos sin barba e irme al consulado brasileño en la capital argentina, buscar a un funcionario y sacar un nuevo pasaporte.
Desembarqué en Sao Paulo sin problemas. Solo muchos años después yo supe que mi incolumidad había sido garantizada por una negociación de la revista con Humberto Esmeraldo Barreto, hijo adoptivo y secretario particular del dictador de guardia, general Ernesto Geisel.
Intentar publicar el reportaje fue un calvario todavía más difícil que la vuelta a Brasil. El dueño de la revista leyó, él mismo, el paquete de no sé cuantas cuartillas y me llamó a su despacho, con el ladrillo de papel entre nosotros:
-Tu reportaje está buenísimo. Y por eso no lo vamos a publicar.
-Señor, no entiendo. Si está bueno, ¿por qué no será publicado?
-Porque si mi hijo de 17 años de edad lee "esto" (y apuntaba con el dedo para mi reportaje), va a pensar que el socialismo es la salida para la humanidad.
Pasadas algunas semanas me despidieron de la revista, pero llevé conmigo el reportaje. Al final tuve que publicarlo en libro -por otras razones-, para que los órganos de la seguridad del estado pudieran saber que de hecho yo había estado en Cuba como periodista, y no como activista o militante político. Y el libro "La Isla" se convirtió en un best-seller con más de un millón de ejemplares vendidos.

P. Interesa conocer su criterio sobre la permanente lucha del pueblo cubano por su supervivencia, en medio de la hostil política de Estados Unidos contra la isla.
M. Cada vez que pisaba suelo cubano -y fueron más de 50 veces en todos estos años- yo me preguntaba: ¿Qué memoria tendrán de la Cuba de hoy nuestros tataranietos, dentro de 200 años?
El primer -o quizás el único- país pobre del planeta que acabó con el analfabetismo, con el hambre, que redujo a casi nada las tasas de mortalidad infantil. Al final llegué a la conclusión de que no, no será por estas virtudes que Cuba será recordada.
Cuando la nieta de mi nieta Helena mire hacia la Cuba de los siglos XX y XXI sabrá que este fue el país que más tiempo resistió, sin arrodillarse jamás, a los ataques de la más grande potencia económica y militar de todos los tiempos.
Durante más de medio siglo Estados Unidos -directamente o por medio de gobiernos títeres- atacaron a Cuba utilizando todas las armas: militares, económicas, diplomáticas y hasta el terrorismo y la guerra química.
Sólo un pueblo hecho de acero, como el cubano, es capaz de tal hazaña.

P. ¿Qué opinión tiene sobre la decisión de los dignatarios de Estados Unidos y de Cuba de reanudar relaciones bilaterales?
M. Le confieso que no alimentaba ilusiones en cuanto a alguna iniciativa de Estados Unidos en esa dirección. La historia reciente nos enseña que en los últimos 50 años, con la solitaria excepción del gobierno de James Carter, todos los gobernantes estadounidenses mantuvieron, en grados mayores ó menores, el criminal acoso a Cuba.
Por suerte, Obama me desmintió. Con el gesto, el presidente sacó a Estados Unidos del siglo XIX y lo transportó al siglo XXI. Pero es fundamental recordar que la guerra de Estados Unidos contra Cuba solo llegará al final cuando sea sepultado el anacrónico bloqueo económico, que sigue de pie.

P. ¿Estima usted que esta aproximación significará el fin de la guerra fría, a pesar de seguir el bloque económico-financiero contra Cuba?. ¿Cómo recibe usted esta aproximación de Estados Unidos y Cuba?

M. En su libro de memorias intitulado "My Life", el expresidente Bill Clinton confiesa que estaba movido por razones exclusivamente electorales al decidir sancionar la Ley Helms-Burton -él era candidato a la reelección- y temía perder el apoyo de los electores de la comunidad cubanoamericana de Estados Unidos.
Con eso, sacó de las manos del Ejecutivo y transfirió al Congreso el poder de poner fin al bloqueo. El actual Congreso norteamericano es muy conservador, pero los gringos son, digamos, pragmáticos, y el interés en participar del desarrollo de la nueva economía cubana quizás hable más alto.
Ojalá la aproximación traiga transformaciones muy positivas para la economía de Cuba. Proyecciones de organismos turísticos internacionales indican, por ejemplo, que, cuando el bloqueo norteamericano sea suspendido, el número de turistas que viaje a Cuba se triplicará a nueve millones de visitas al año, resultando para el país ganancias directas e indirectas de cerca de 15 mil millones de dólares -o sea, el 25 por ciento del Producto Interno Bruto cubano.

P. Su libro "Los últimos soldados de la guerra fría", en el cual relata los sucesos de cinco cubanos presos en cárceles de Estados Unidos por luchar contra el terrorismo, constituyó una importante contribución, pues ayudó a divulgar acontecimientos y hechos ocurridos con estos antiterroristas.
¿Qué valoración podría ofrecer sobre la liberación de estos compatriotas?
M. Durante dos años viajé en innumerables ocasiones a La Habana, Miami y Nueva York, entrevistando a decenas de personas e investigando en archivos secretos en ambos lados del Estrecho de la Florida.
Terminé mi trabajo con una convicción: yo estaba delante de un brutal error judicial, un juego de cartas marcadas con un único objetivo: encarcelar a los Cinco.
Algo tal vez sólo comparable al tristemente célebre "caso de Sacco y Vanzetti", el cual también se produjo en Estados Unidos a finales de los años 20. Como dijo el Comandante Fidel Castro "es asombroso que los Estados Unidos, el país que más espía en el mundo, acuse de espionaje justamente a Cuba, el país más espiado del mundo".
Terminado el libro, entregué los manuscritos al editor y me convertí en un activista de la causa de la liberación de los Cinco Héroes cubanos. Participé en manifestaciones a las puertas de la Casa Blanca, en Washington, pidiendo la liberación de los Cinco, recorrí Brasil y América Latina denunciando la iniquidad y la injusticia de la condena de Gerardo, Tony, Fernando, Ramón y René.
Una buena noticia para la causa de los Cinco: empezó hoy la preventa de "The last soldiers of the Cold War", la versión en inglés de mi libro, en las grandes cadenas de ventas por internet, como Penguin/Random House, Amazon y Barnes&Noble en Estados Unidos y el Reino Unido. El 16 de junio próximo estará en las librerías de los dos países.

P. ¿Qué beneficios engendraría para Cuba y América Latina el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos?
M. El intento de sucesivos gobiernos de Estados Unidos de asfixiar y aislar a Cuba no cambió una coma en las decisiones de la Revolución. Pero sometió el pueblo cubano a medio siglo de privaciones y agresiones.
El restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos es positivo y debe ser aplaudido por cuantos estén comprometidos con la paz entre los pueblos y la autodeterminación de las naciones.
Pero es necesario estar de ojo abierto. Obama afloja con Cuba, pero habla grueso con Venezuela. Como dicen ustedes, cubanos, Âíojo!
 

Leovani Garcia Olivarez / Prensa Latina

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