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Pretoria- Recuerda, por su color, a la Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde, un clásico de la literatura cubana del siglo XIX. Viengsay que por demás lleva el apellido Valdés, es, como Cecilia, la mulata casi blanca nacida en una isla mestiza.

Primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC) desde 2001, Viengsay Valdés, es, hoy por hoy, uno de los nombres imprescindibles dentro de las principales exponentes de este arte a nivel internacional.

Según la revista Dance Europe, ella  ocupa el cuarto lugar entre las mujeres y el sexto en la lista de los 100 mejores bailarines del mundo en la temporada 2010-2011.

Es la tercera vez que viene a Sudáfrica, pero en esta ocasión tiene el reto -y es amante de los desafíos, como confesó en exclusiva con Prensa Latina-, de bailar El lago de los cisnes completo, o sea, sus cuatro actos junto con la compañía Joburg Ballet, donde se desdoblará en los personajes Odette-Odile.

"He tenido que aprenderme parte de la coreografía que tiene el Joburg Ballet, aunque incorpore mi versión cubana de los pax de deux y de mis solos", comentó. "El cuarto acto es completamente nuevo para mí".

No obstante,  "lo he tenido que asimilar poco a poco, lo cual me enriquece mucho más como bailarina, pues me aporta experiencia, ya que el hecho de variar, de incorporar otras coreografías te mantiene fresco, no te encasillas".

Dijo que esta temporada de El lago de los cisnes será "una muy bonita experiencia en el Joburg Ballet", porque han coincidido en el escenario "diferentes parejas de distintos países, distintas escuelas, pero todos estamos entrelazados en la misma coreografía, en el mismo drama de este gran clásico".

Cada pareja dará su toque personal de acuerdo a sus características, su estilo, las de su propia escuela, subrayó.

El Cisne Negro (Odile) es uno de mis roles preferidos, lo disfruto muchísimo en la escena, no solo  por el hecho de alcanzar el virtuosismo, el clímax de la técnica, sino porque lo siento en mi piel, es un personaje al que me entrego, afirmó.

Para Viengsay el Cisne Negro engancha por su "fuerza, magnetismo, sensualidad", tiene todos los ingredientes que le atraen para interpretar ese rol.

Durante las presentaciones de este viernes y el domingo, la Valdés bailará los cuatro actos de El lago... junto a su partenaire, Brooklyn Mack (el príncipe Sigfrido en la obra), primera figura del Washington Ballet.

"Tengo una gran conexión con Brooklyn. El profesor nos decía, ustedes en la escena lucen muy bien porque reflejan una química tremenda, él es muy buen partenaire, es fuerte, virtuoso y hace unas cargadas increíbles", añadió.

Reiteró que está muy contenta de su presencia en el Joburg Ballet, "siempre disfruto mucho de esta compañía, tanto de las personas que me rodean, de los profesores, de los bailarines, todos son muy amables, muy cariñosos, soy siempre bien acogida aquí".

Viengsay considera -y así lo explica- que ha logrado a estas alturas de su carrera una plena madurez artística, "he crecido con mis personajes, he logrado dominio técnico y de la escena, o sea, poder variar, recrear, incluso a veces crear en el escenario, eso hace crecer mucho al artista".

Para esta cubana ciento por ciento, hay muchos sueños por cumplir, porque "no vale con que el bailarín se limite a que ha alcanzado las metas, siempre debe estar buscando nuevos retos".

Y eso implica que nunca pares en buscar oportunidades para lucir tu arte, para demostrar "sobre todo, en mi caso, mi escuela cubana al resto del mundo y es una misión importante, no es algo fácil".

Por eso, acotó, "en cada una de las invitaciones que me hacen trato de ser eso: embajadora de mi escuela cubana y sobre todo que vean cómo es que bailamos actualmente, que vean cómo el bailarín cubano se desarrolla, cómo se mueve, cómo siente en carne propia sus personajes".

Por ejemplo -sonríe- uno de mis grandes sueños es volver a participar en el prestigioso Festival de Japón, donde estuve hace unos años y fue una de las experiencias más gratificantes de mi carrera, allí se reúnen los más altos exponentes de la danza mundial y compartes escenario con ellos.

Entonces hace una transición y recalca "pienso que el bailarín cubano es fuerte técnicamente, y esas son cosas que trato de dejar como huella cada vez que me subo a un escenario".

Tras concluir su estancia en Sudáfrica, Valdés regresa a La Habana donde en mayo presentará junto al Ballet Nacional de Cuba la pieza completa Don Quijote.

Luego en junio "hará" Carmen  y otra vez el Cisne Negro, pero en el festival de Cali, en Colombia, un certamen que -según adelantó- se está promocionado ya y al que irán figuras reconocidas de Latinoamérica como el maestro argentino Julio Bocca, quien dará clases magistrales.

A mí me tocará bailar Carmen en la Plaza de Toros que es para casi 10 mil personas, es una cosa impresionante, será mi primera vez en Cali y viajaremos dos parejas del Ballet Nacional de Cuba, junto al historiador de la compañía, Miguel Cabrera.

En julio "también estoy invitada a bailar en Los Ángeles. Después en unas galas en Beijing, junto a un partenaire cubano, Víctor Estévez, y sigo con una gira por España de casi tres meses, por lo que me queda un año muy largo, bastante movido, de mucho trabajo y de compromisos".

La pregunta salta al observarla hablar con tanta pasión. ¿Qué es Cuba para ti Viengsay? Y la respuesta fluye rápida: "Cuba es mi patria, a la que siempre trato de representar en cada lugar adonde voy.

Es algo inseparable que llevo conmigo en mi bolso. Cuba es mi patria y viaja conmigo a donde quiera que vaya. Sencillamente, Cuba baila dentro de mis zapatillas en cada escenario.

Deisy Francis Mexidor* / *Corresponsal de Prensa Latina en Sudáfrica

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